En
la literatura científica, siempre que se menciona masa o energía, referente a
procesos naturales físicos, es muy común hacer referencia a la famosa
ecuación propuesta por Albert Einstein, en la cual se establece una
estrecha relación (o más bien, una equivalencia) entre la masa y la energía (Gil, Senent
& Solbes, 1988) .
Esta revolución relativista inicia con el experimento de Michelson y Morley, quienes se interesaron en comprobar los postulados de los físicos del siglo XIX acerca de la existencia del éter en el espacio, medio en el cual supuestamente la luz se transmitía desde el Sol hasta la Tierra
Es por este hecho que Einstein inició sus trabajos para explicar este fenómeno y de aquí surge años después la teoría de la relatividad, de la cual se deriva la fórmula tan famosa que relaciona la masa con la energía. Posterior a Michelson y Morley, muchos científicos determinaron que la luz es un factor independiente y que posee una velocidad constante (c), la cual es de 300 000 000 metros por segundo en el vacío. Este corresponde al segundo postulado de la teoría de la relatividad propuesto por Einstein
La fórmula E = mc2 describe básicamente cómo la energía es proporcional
al producto de la masa de un cuerpo multiplicado por el cuadrado de la
velocidad de la luz en el vacío (c), la cual, como se vio anteriormente, es una
constante. Esta fórmula demuestra que tanto la energía como la masa son
equivalentes. Algunos físicos interpretan que la masa es una forma de energía,
pero es sólo una interpretación subjetiva de cierto sector de la física. Por
tanto, a raíz de esta equivalencia, podríamos deducir que se puede convertir masa
en energía y la energía en masa (Física para todos, 2015).
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